Tras un día duro, como era de
costumbre, el chico con una sonrisa perpetua llegaba a casa. No tenía quien lo
esperase, no quería que nadie lo esperase, superficialmente…
Un leve pero muy eficaz dolor
recorría su espina dorsal hasta atravesar su cabeza. No era debido al cansancio
físico. El haber estado todo el día pensando le había producido tal mal, el
cual intentaba ignorar cada vez que sentía en su piel.
Aquel mal se extendía por todo su
cuerpo y él mismo sabía que era debido a una sola cosa. La paciencia nunca fue
lo suyo, siempre odió esperar. Y se estaba desesperando…
Se tumbó en la cama,
despreocupado, observando la humedad en el techo de su habitación. Llevó una de
las manos a su cabello y, apartándolo de su frente, pudo cerrar los ojos por un
momento.
El dolor continuaba en su
interior, por su mente no paraban de pasar recuerdos, momentos que lo
trastornaban e impedían vivir.
Daba miles de vueltas a problemas
resueltos y sin resolver que le impedían dormir o si quiera respirar fluidamente.
Cerró fuertemente sus ojos y se
dispuso a levantarse, no le gustaba sentir que “Se hundía en la mierda”.
Desganado, dio unos pocos pasos
hasta la puerta de entrada al cuarto de baño. Y una vez en ella tomó su
camiseta con ambas manos y la fue subiendo por su pecho hasta que se deshizo de ella, tirándola a un lado.
En el interior del baño, miró de
reojo un gran espejo que se oponía
frente a él. No tuvo reparo en observar detenidamente. Su imagen se reflejaba
nítidamente y él quedaba atontado frente a ella; no admirando su belleza, sino,
simplemente, observándose a si mismo: buscando fallos tan solo con su mente.
Ya cansado de mirar dio medio
giro y tomó su cinturón. Quitándolo con maestría se deshizo de él, tirándolo
sobre la camiseta. Había bajado de peso, se percataba al momento, el pantalón con
solo quitar dicho cinturón ya le llegaba a media nalga.
Dejó caer su pantalón y removió sus pies, apartándolo a un lado; quedando en boxers. No
reparó en quitárselos rápidamente, el estar solo se hacía llevadero. Por desgracia
se conocía demasiado bien él mismo.
Entró en la bañera y rápidamente
tomó el grifo con su mano derecha, llevándolo casi inconscientemente al máximo
de temperatura. Lo abrió apartado del alcance del agua
Y observó esta caer, lentamente,
fluyendo en el mármol blanco bajo sus pies. El vapor no cesaba de salir, estaba
ardiendo.
Pasó su mano por aquel ardiente
chorro, no le pareció desagradable. No necesitaba algo relativamente relajante,
simplemente algo que lo mantuviese fuera de sus pensamientos.
Tras introducir allí su mano
llevó lo que quedaba de su cuerpo bajo éste. Dejó que aquella cascada invadiera la superficie de su
cabello, bajando lenta y rápidamente por ellos. Pasando por su cara; no cerró
los ojos, los mantuvo abiertos para observar aún todo a su paso. El agua siguió
su curso, bajó lentamente por su cuello, casi hirviendo este. Pero no gritó, se
quitó o quejó de la temperatura, el dolor ocasionado no lo era en absoluto
insoportable para él.
El agua continuó por su pecho,
sintiéndola bajar poco a poco, no reparó en ello, simplemente lo disfrutó. El
agua que por el contrario prefirió escoger otro camino siguió por su espalda,
pasando unas primeras pero pequeñas gotas de agua por su espina dorsal hizo que
se estremeciera, enarcando su espalda. Esta parte era demasiado sensible para él
y el agua la recorría por momentos.
Posó ambas manos en las baldosas
blancas frente a sí, paralelas pero no muy juntas. Bajó su cabeza, observando
como una a una podía diferenciar las gotas de otras, todas tenían un color
similar, un color neutro que parecía hacerlas a todas iguales, pero no todas
siguieron el mismo recorrido. Unas le hicieron sentir mejor por su espalda, y
otras simplemente siguieron su curso.
Observaba caer gotas. Una a
una recorrían su cabello ya pegado a
sus mejillas por la posición y caer al mármol, haciendo un sonido continúo
chocaban y continuaban hasta llegar a el desagüe, algunas tardaban más en
llegar, su recorrido era más largo y placentero.
Dejó llenar la bañera
inconscientemente y se tumbó en ella, observando todo el vapor causado por la
temperatura del agua. No le preocupó y apoyó su cabeza en el mármol tras él.
Estiró sus pies y quedó a medio sumergir en el agua. Mordió su labio inferior
lentamente mientras bajaba y cerró los ojos, buscando algo mejor que hacer.
Descansar y dejarlo todo por un momento.