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domingo, 18 de septiembre de 2011

Smoke

     La pared, la primera vista tras divertidas pesadillas que no dejaban dormir. Una pared azulada llena de imperfecciones. Tras observarla detenidamente acarició lentamente las sábanas en su cama, sin mirar estas; tan solo sintiendo su tacto.

Dando una pequeña media vuelta se acercó al borde de la amplia cama en la que descansaba, completamente deshecha. Esta soportaba sus sueños y pesadillas. Ese día parecía solo soportar su peso corporal.

Bajó ambos pies, uno tras otro, sintiendo el frío suelo con la cabeza  gacha. Observó los zapatos lanzados antes, despreocupadamente. Los calcetines descansaban también poco lejos de ellos.

Posó una de sus manos sobre su cabeza y  en un intentó de despertar a sus neuronas, removió su cabello. Esto no ayudó en lo absoluto, ahora solo estaba más despeinado que antes.

Observó la puerta en la esquina de la habitación de reojo, sin levantar cabeza y sin mirar siquiera estiró uno de sus brazos, metiéndolo en un bolso pequeño y rojo: un bolso de mujer.

Tras rebuscar en él encontró por fin una caja de cigarrillos que, a juzgar por su aspecto, eran bastante caros.  Cuando se decidía a abrir estos observó y leyó su envase: “Fumar provoca problemas de respiración a largo plazo”.

No pudo evitar soltar una carcajada silenciosa, terminada en una media sonrisa. Con su dedo pulgar levanto la tapa, estaba completa.

Tomó uno de los cigarrillos y con el mechero a pocos centímetros de él, rodó la pequeña rueda, saliendo una llama incandescente. Puso el cigarrillo entre sus labios y acercó el mechero a él, prendiéndolo.

Cerró el mechero y lo lanzó a un lado de la cama para concentrarse en dicho cigarrillo acabado de encender. Inhaló el humo que salía de este, sintiéndolo bajar por su laringe.

Nunca le gustó esta sensación pero la acogía en estos momentos. Un humo grisáceo salía del extremo de la colilla, subiendo y desvaneciéndose lentamente y él,  observaba como se iba.

Apartó el cigarrillo de sus labios y observó el desastre ante él, los pantalones sobre la lámpara de la mesilla de noche y la camiseta en el suelo; a un lado de la cama.


Prefirió seguir únicamente con sus boxers grises de banda blanca. Nunca compró un pijama, nunca le hizo falta, siempre prefirió dormir así.

El cigarrillo que se consumía dejaba caer cenizas sobre  sus pies. Tan solo sintió un leve escozor y apartó las cenizas de su piel. Tras ello posó sus codos sobre sus rodillas terminando su cigarrillo.

Cuando terminó éste, lo dirigió hasta su mano izquierda, presionando y girando levemente lo apagaba en la palma de su mano. Al terminar, lo dejó caer en el suelo.

Tomó otro y repitió el proceso, así hasta acabar la caja. El aire de la habitación estaba totalmente espeso gracias al humo producido. Tras terminar, observó la palma de su mano, abrasada la cerró y se dejo caer en la cama, disfrutando de el olor que impregnaba la habitación con sus ojos entrecerrados.