jueves, 22 de septiembre de 2011

Temperature


     Tras un día duro, como era de costumbre, el chico con una sonrisa perpetua llegaba a casa. No tenía quien lo esperase, no quería que nadie lo esperase, superficialmente…
Un leve pero muy eficaz dolor recorría su espina dorsal hasta atravesar su cabeza. No era debido al cansancio físico. El haber estado todo el día pensando le había producido tal mal, el cual intentaba ignorar cada vez que  sentía en su piel.

Aquel mal se extendía por todo su cuerpo y él mismo sabía que era debido a una sola cosa. La paciencia nunca fue lo suyo, siempre odió esperar. Y se estaba desesperando…

Se tumbó en la cama, despreocupado, observando la humedad en el techo de su habitación. Llevó una de las manos a su cabello y, apartándolo de su frente, pudo cerrar los ojos por un momento.

El dolor continuaba en su interior, por su mente no paraban de pasar recuerdos, momentos que lo trastornaban e impedían vivir.

Daba miles de vueltas a problemas resueltos y sin resolver que le impedían dormir o si quiera respirar fluidamente.
Cerró fuertemente sus ojos y se dispuso a levantarse, no le gustaba sentir que “Se hundía en la mierda”.
Desganado, dio unos pocos pasos hasta la puerta de entrada al cuarto de baño. Y una vez en ella tomó su camiseta con ambas manos y la fue subiendo por su pecho hasta  que se deshizo de ella, tirándola a un lado.
En el interior del baño, miró de reojo  un gran espejo que se oponía frente a él. No tuvo reparo en observar detenidamente. Su imagen se reflejaba nítidamente y él quedaba atontado frente a ella; no admirando su belleza, sino, simplemente, observándose a si mismo: buscando fallos tan solo con su mente.
Ya cansado de mirar dio medio giro y tomó su cinturón. Quitándolo con maestría se deshizo de él, tirándolo sobre la camiseta. Había bajado de peso, se percataba al momento, el pantalón con solo quitar dicho cinturón ya le llegaba a media nalga.

Dejó caer su pantalón  y removió sus pies,  apartándolo a un lado; quedando en boxers. No reparó en quitárselos rápidamente, el estar solo se hacía llevadero. Por desgracia se conocía demasiado bien él mismo.

Entró en la bañera y rápidamente tomó el grifo con su mano derecha, llevándolo casi inconscientemente al máximo de temperatura. Lo abrió apartado del alcance del agua
Y observó esta caer, lentamente, fluyendo en el mármol blanco bajo sus pies. El vapor no cesaba de salir, estaba ardiendo.

Pasó su mano por aquel ardiente chorro, no le pareció desagradable. No necesitaba algo relativamente relajante, simplemente algo que lo mantuviese fuera de sus pensamientos.




Tras introducir allí su mano llevó lo que quedaba de su cuerpo bajo éste. Dejó que  aquella cascada invadiera la superficie de su cabello, bajando lenta y rápidamente por ellos. Pasando por su cara; no cerró los ojos, los mantuvo abiertos para observar aún todo a su paso. El agua siguió su curso, bajó lentamente por su cuello, casi hirviendo este. Pero no gritó, se quitó o quejó de la temperatura, el dolor ocasionado no lo era en absoluto insoportable para él.

El agua continuó por su pecho, sintiéndola bajar poco a poco, no reparó en ello, simplemente lo disfrutó. El agua que por el contrario prefirió escoger otro camino siguió por su espalda, pasando unas primeras pero pequeñas gotas de agua por su espina dorsal hizo que se estremeciera, enarcando su espalda. Esta parte era demasiado sensible para él y el agua la recorría por momentos.

Posó ambas manos en las baldosas blancas frente a sí, paralelas pero no muy juntas. Bajó su cabeza, observando como una a una podía diferenciar las gotas de otras, todas tenían un color similar, un color neutro que parecía hacerlas a todas iguales, pero no todas siguieron el mismo recorrido. Unas le hicieron sentir mejor por su espalda, y otras simplemente siguieron su curso.

Observaba caer gotas. Una a una   recorrían su cabello ya pegado a sus mejillas por la posición y caer al mármol, haciendo un sonido continúo chocaban y continuaban hasta llegar a el desagüe, algunas tardaban más en llegar, su recorrido era más largo y placentero.

Dejó llenar la bañera inconscientemente y se tumbó en ella, observando todo el vapor causado por la temperatura del agua. No le preocupó y apoyó su cabeza en el mármol tras él. Estiró sus pies y quedó a medio sumergir en el agua. Mordió su labio inferior lentamente mientras bajaba y cerró los ojos, buscando algo mejor que hacer. Descansar y dejarlo todo por un momento.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Smoke

     La pared, la primera vista tras divertidas pesadillas que no dejaban dormir. Una pared azulada llena de imperfecciones. Tras observarla detenidamente acarició lentamente las sábanas en su cama, sin mirar estas; tan solo sintiendo su tacto.

Dando una pequeña media vuelta se acercó al borde de la amplia cama en la que descansaba, completamente deshecha. Esta soportaba sus sueños y pesadillas. Ese día parecía solo soportar su peso corporal.

Bajó ambos pies, uno tras otro, sintiendo el frío suelo con la cabeza  gacha. Observó los zapatos lanzados antes, despreocupadamente. Los calcetines descansaban también poco lejos de ellos.

Posó una de sus manos sobre su cabeza y  en un intentó de despertar a sus neuronas, removió su cabello. Esto no ayudó en lo absoluto, ahora solo estaba más despeinado que antes.

Observó la puerta en la esquina de la habitación de reojo, sin levantar cabeza y sin mirar siquiera estiró uno de sus brazos, metiéndolo en un bolso pequeño y rojo: un bolso de mujer.

Tras rebuscar en él encontró por fin una caja de cigarrillos que, a juzgar por su aspecto, eran bastante caros.  Cuando se decidía a abrir estos observó y leyó su envase: “Fumar provoca problemas de respiración a largo plazo”.

No pudo evitar soltar una carcajada silenciosa, terminada en una media sonrisa. Con su dedo pulgar levanto la tapa, estaba completa.

Tomó uno de los cigarrillos y con el mechero a pocos centímetros de él, rodó la pequeña rueda, saliendo una llama incandescente. Puso el cigarrillo entre sus labios y acercó el mechero a él, prendiéndolo.

Cerró el mechero y lo lanzó a un lado de la cama para concentrarse en dicho cigarrillo acabado de encender. Inhaló el humo que salía de este, sintiéndolo bajar por su laringe.

Nunca le gustó esta sensación pero la acogía en estos momentos. Un humo grisáceo salía del extremo de la colilla, subiendo y desvaneciéndose lentamente y él,  observaba como se iba.

Apartó el cigarrillo de sus labios y observó el desastre ante él, los pantalones sobre la lámpara de la mesilla de noche y la camiseta en el suelo; a un lado de la cama.


Prefirió seguir únicamente con sus boxers grises de banda blanca. Nunca compró un pijama, nunca le hizo falta, siempre prefirió dormir así.

El cigarrillo que se consumía dejaba caer cenizas sobre  sus pies. Tan solo sintió un leve escozor y apartó las cenizas de su piel. Tras ello posó sus codos sobre sus rodillas terminando su cigarrillo.

Cuando terminó éste, lo dirigió hasta su mano izquierda, presionando y girando levemente lo apagaba en la palma de su mano. Al terminar, lo dejó caer en el suelo.

Tomó otro y repitió el proceso, así hasta acabar la caja. El aire de la habitación estaba totalmente espeso gracias al humo producido. Tras terminar, observó la palma de su mano, abrasada la cerró y se dejo caer en la cama, disfrutando de el olor que impregnaba la habitación con sus ojos entrecerrados.